Santiago visto al modo de una naturaleza muerta

  Germán Hidalgo

Este dibujo es el bosquejo preliminar de la aguada Vista de Santiago de Chile desde el Cerro Sto. Domingo (sobre el dibujo y la aguada, ver Germán Hidalgo 2010), y fue realizado por Felipe Bauza en el paso de la expedición Malaspina por Santiago (Rafael Sagrado, 2004; Alessandro Malaspina, 1987). Es el registro gráfico de quien se sitúa en un lugar preciso, a una altura y distanciamiento dados, que observa con detención y transcribe lo que ve con acabado detalle. En efecto, es necesario distinguir entre este dibujo y las representaciones que se derivaron de él, las cuales, por alcanzar una perfección en el estilo, perdieron en exhaustividad descriptiva, distanciándose de la realidad que debían representar.

Distintos autores han llamado la atención sobre el extenso vacío de representación que vemos al fondo del dibujo, en lo que corresponde a la zona sur de Santiago, desde La Cañada hasta los cerros en que termina el valle. Las hipótesis que se han planteado sugieren que esta ausencia de representación tendría su origen en la premura con la que se realizó el dibujo (Bonifacio del Carril, 1957). Ausencia que, por lo demás, permaneció en todas las obras que se derivaron de él, al reproducir la misma anomalía (hemos encontrado una aguada y un aguafuerte con el mismo motivo (ver Bonifacio del Carril, 1957).

En relación a la vista en sí, ésta es singularmente notable y única. Dada la extensión de Santiago en aquella época, desde el cerro Blanco –o  cerro Santo Domingo, como figura en el título de la obra- se tenía un dominio de toda su amplitud. Desde esta altura, en torno a los 60 metros y una distancia de dos kilómetros de la Plaza de Armas, la ciudad se podía ver íntegramente, apreciándose tanto las cualidades arquitectónicas de sus edificios, como su estructura urbana. Sin embargo, el aspecto más logrado en este dibujo es el reconocimiento de la relación de la ciudad con el paisaje. Como ya hemos señalado, Bauza hizo un gran esfuerzo por hacer una descripción detallada y minuciosa, lo cual sólo pudo lograr con la ayuda de una cámara oscura. Apoyándonos en una idea de Svetlana Alpers (1983), podemos decir que el dibujo de Bauza está animado por un “impulso cartográfico”, y esto en un doble sentido. Primero, por intentar transcribir exhaustivamente la información que tenía ante sus ojos: Santiago, como realidad física concreta. No en vano, Bauza era el cartógrafo de la expedición. Segundo, y apoyándonos otra vez en los planteamientos de Alpers, en el sentido de concebir esta representación como una “imagen aditiva”; es decir, como una imagen compuesta de sucesivos puntos de vista. Gracias a esto, podemos ver cómo interactúan los distintos elementos que componen la ciudad, siendo imposible percibirlos de un solo golpe de vista. Así, aparece Santiago en toda su extensión, contenido entre los dos hitos de mayor presencia urbana en la época: el cerro Santa Lucía y el puente de Cal y Canto.

La idea de control visual es el objetivo más evidente del dibujo, propósito que se materializa al concebir la imagen como un todo “compuesto”, formado por elementos artificiales y naturales que dialogan entre sí. Una composición con límites precisos y elementos claramente reconocibles. Esta interpretación nos hace pensar que, tal vez, la ausencia de representación en el fondo de la imagen, que comentamos al principio, no es sólo una consecuencia de las prisas que llevaba el dibujante por realizar pronto su cometido, sino más bien el intento de hacer ver más nítida la imagen de la ciudad, para poder apreciarla como un conjunto de piezas, tal como aquellas que se disponen sobre una superficie plana cuando se representa una naturaleza muerta.