El comercio en la Plaza de la Independencia

Cristina Felsenhardt

En medio de una atmósfera invernal diurna y nubosa, la plaza se presenta con su carácter hispano, según el modelo traído por el conquistador: un espacio esencialmente vacío y flexible frente a las diversas actividades que se llevaban a cabo allí. Al contrario de Europa, que muy temprano adoquina y pavimenta sus espacios públicos, esta plaza comparece con su suelo árido y rugoso, lo que le otorga un carácter más bien provinciano y campesino. Sin embargo, se puede decir que es el espacio urbano más pintado a lo largo del desarrollo de Santiago durante los siglos XVII, XVIII y XIX, junto a otros cuatro lugares emblemáticos: La Cañada, la zona del Tajamar y el puente de Cal y Canto sobre el río Mapocho, y el cerro Santa Lucía, aunque este último un tanto más tarde.

La mirada está orientada hacia la esquina sur-oriente de la plaza. Al fondo de la imagen se advierte el cerro Santa Lucia, en su calidad de peñón desnudo; su elevación, debido a la altura de las construcciones, parece mayor de lo que se percibe hoy. Una especie de planicie en la ladera de exposición Norte, a media falda del cerro, alberga un conjunto de construcciones, que aprovechan dicha condición topográfica y serán las primeras que darán pie a la domesticación del peñón. Extrañamente no aparece la cordillera de Los Andes como telón de fondo, que casi siempre se divisa en otras imágenes pintadas de esta misma esquina. Este hecho puede deberse a la intención del pintor de centrar la atención en los elementos cercanos, como es en este caso la actividad de la propia Plaza de la Independencia. Los actos que se desarrollan en la imagen indican una condición de mercado, una parada central de la ciudad, donde se descargaban elementos llegados del campo para ser comercializados directamente; lo refuerza la presencia de carretas y diversos canastos, bultos y cuencos. Se distinguen personajes en vestimentas típicas como mantas y chupallas, indicio del carácter aldeano del Santiago del siglo XIX. El tamaño exagerado de las figuras hace pensar que lo que le importa al pintor en esta imagen es la actividad, más que la arquitectura del lugar; esa actividad cotidiana y espontánea, de gente sencilla. Es posible pensar que el costado sur de la plaza –lo confirma también Charton de Treville – es el espacio que principalmente se dedicaba a actividades de mercado, mientras el lado Norte, frente a los edificios emblemáticos de la ciudad, se destinaba a actos más formales.

Las fachadas sur y oriente de la plaza exhiben dos portales de construcción sólida. El del costado sur, llamado Portal de Sierra Bella (donde posteriormente se construiría el portal Fernández Concha), es de un piso alto y tiene la fachada coronada por una elaborada cornisa, resaltando los ejes de los pilares. La relación con la plaza se da a través de arcos, en los cuales aparecen pequeños kioscos o cabinas todas iguales, elementos que obstruyen –a diferencia de los portales en las plazas españolas- la reciprocidad espacial.  El portal en la fachada oriente es de dos pisos, con mayor permeabilidad visual hacia la plaza y ventanales con arcos. En ese costado, en un bosquejo de Juan Mauricio Rugendas del año 1834, aparece un portal de menos altura y de menor preeminencia, que no completa la cuadra; el resto de la fachada oriente de la plaza está en ese momento compuesta por pequeños volúmenes de escala doméstica, lo que indica que la construcción del nuevo portal se hizo con posterioridad.  El pintor J. Selleny en el año 1859 realiza un grabado donde el nuevo portal ya está presente.

En el contexto de la plaza, en su vértice sur-oriente, se distingue una construcción de dos pisos con corredores en ambos pisos, tipología arquitectónica que, junto a la fachada contínua, formaba parte del carácter de las calles. Más al fondo, se aprecia una ciudad de altura homogénea, con techos a dos aguas, que también forman parte de este conjunto urbano bastante uniforme que se mantendrá hasta el ocaso del siglo XIX.

En su viaje a Paraguay en el año 1867, Aubert grabó otras escenas urbanas con la misma técnica de grabado en metal y coloreado a mano.